AIMAR SAGASTIBELTZA. ELKARRIZKETA

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Son bastantes las caras nuevas que han llegado este verano al primer equipo de la Sociedad Deportiva Amorebieta. A lo largo del presente mes de agosto, queremos conocer sus primeras impresiones como futbolistas de la escuadra zornotzarra. En esta ocasión, es el turno del defensa Aimar Sagastibeltza, que la pasada temporada militó en el Gernika.

¿Cuáles son tus sensaciones por el momento?

-Con el vestuario, sensacional. Ya conocía a Iñigo y a Goiria y todo el mundo me había hablado maravillas del club. También conocía a jugadores como Seguín, Arregi y Ortega y sabía que me iban a recibir con los brazos abiertos. En lo personal, está siendo un inicio duro por problemas físicos, así que me está costando arrancar. Pero confío en que cambie el tema y empezar pronto a tener buenas sensaciones y rendir como tengo que rendir.

Supongo que esas buenas referencias con las que contabas sobre la SDA te empujaron a firmar por este club.

-Sí, además de ello, vengo de un descenso con el Gernika y el abanico de opciones era reducido. Entre los equipos que me cuadraban, por tema de viajes, éste me venía muy bien. Cuando me llamaron me hizo mucha ilusión. Barajé las diferentes opciones y decidí firmar.

¿Cómo te definirías como futbolista?

-No tengo ninguna característica que llame la atención de manera especial. Creo que soy un jugador normal de Segunda B, que trata de hacer las cosas bien y estar concentrado.

¿Y cómo persona?

-Soy una persona divertida y que da juego en el vestuario. Espero seguir así, el Amorebieta tiene que tener un vestuario humilde y fuerte.

¿Cómo se lleva eso de ser uno de los veteranos de la plantilla?

-Con cierta melancolía, pero con naturalidad. La temporada pasada era el más mayor, ahora por lo menos hay dos más mayores que yo: Mikel Álvaro y Saizar. Así que toca intentar ayudar, que no enseñar, a los compañeros. Y también estar abiertos a que nos ayuden. No da ninguna ventaja ni desventaja el hecho de ser veterano.

El pasado curso, con el Gernika, peleasteis por la salvación hasta la última jornada, pero no la conseguisteis. ¿Hay ganas de resarcirse?

-Fue un año duro, un querer y no poder. No estuvimos lejos de lograrlo, pero al fin y al cabo lo que cuenta es que no se consiguió. Tengo esa espina clavada, así que afronto la temporada con ganas de cambiar el chip y que no vuelva a suceder.

El último amistoso será ante un equipo en el que militaste 5 temporadas: el Real Unión. ¿Será especial?

-Sí, tengo tantas vivencias allí que siempre será un club especial para mí. Tengo muchos amigos en ese equipo, pero luego en el campo lo que uno pretende siempre es ganar sea cual sea el rival.

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